¿Por qué los niños no pueden parar?

¿Por qué los niños no pueden parar?

Por IRENE PACHECO

Coach e Instructora de Meditación certificada

Hace hoy justo un mes que comenzó el estado de alarma, intentando dar respuesta al problema que desde hace unos meses viene asolando el mundo, el desgraciadamente famoso, ya conocido por todos, como Covid-19. Desde que comenzó esta situación tan atípica he podido vivir como madre de una niña de 1º de primaria, una odisea que, padres y niños, hemos afrontado en muchos aspectos, pero principalmente en el plano escolar. Esta situación que, en un principio, parecía algo puntual y de corto plazo para los niños, empieza ahora a normalizarse bajo el rumor de que no habrá vuelta al cole hasta el próximo curso, lo cual ha producido, junto con la situación actual de confinamiento y la obligatoriedad de seguir con el calendario escolar, que se haya planteado el tercer trimestre en modalidad online.

«Los niños son el recurso más importante del
mundo y la mejor esperanza para el futuro»  

John F. Kennedy

Muy orgullosos, la mayoría de los colegios, nos dicen que se han adaptado en un tiempo record a esta situación y que han puesto a trabajar a todo su equipo informático y docente para tratar de cumplir con la obligatoriedad de seguir con las clases en esta versión. Sin entrar a valorar, la capacidad/calidad o no, para adaptarse en cuestión de semanas al formato de clases online y más allá del descalabro que nos ha supuesto a muchos padres intentar seguir este ritmo al tener que convertirnos, (en la mayoría de los casos) en los profesores de nuestros propios hijos, mi desconcierto va más allá y se aglutinan en mi mente diferentes cuestiones ¿Alguien se ha parado a pensar en lo que esto está suponiendo para los más pequeños de la casa? ¿Alguien se ha parado a pensar cómo afecta esta situación en su salud emocional? ¿Alguien se ha parado a evaluar lo que puede suponer para niños tan pequeños estar sentados delante de la pantalla de un ordenador y pretender que se den clases online? ¿De verdad es tan importante tratar de continuar a toda costa impartiendo una formación
de “calidad” cuestionable, y por supuesto, no por culpa del profesorado que se está dejando la piel en esta situación, tratando de cumplir con la obligación de continuar con las clases?

                                                      “Es más fácil construir niños fuertes, que reparar adultos rotos”                                                Frederick Douglas

Ante una situación tan excepcional como la que estamos viviendo volvemos a cometer el gran fallo, una vez más, de no tener en cuenta a nuestros niños, de no pararnos a pensar en lo que todo esto les puede estar suponiendo, como les está afectando a nivel emocional el hecho de verse obligados a permanecer encerrados en casa, sin poder salir a jugar, sin poder ir al parque, sin poder tener contacto con sus amigos pero con la obligatoriedad de seguir cumpliendo con unas tareas escolares a través de una versión online que poco tiene en cuenta sus emociones.

Empiezo a estar bastante cansada de la frase, “los niños se adaptan a todo mejor que los adultos”, y me atrevo a afirmar que no es verdad. El problema es que en estos tiempos inciertos, nadie se para a conocer en profundidad lo que los niños están sufriendo en esta u otras  situaciones, más allá de repetir cansinamente la frase de que nos están dando una lección. Personalmente pienso que si a los adultos se nos ha obligado a parar, y muchos de nosotros estamos agradecidos por ello, deberíamos plantearnos, ¿por qué ellos no pueden hacerlo? ¿Por qué no aprovechamos esta situación para vivir relaciones más fructíferas con nuestros hijos, dónde podamos transmitirles el valor de muchas de ellas?, ¿por qué no podemos aprovechar para vivir con nuestros hijos a su propio ritmo, al ritmo que su salud emocional marca y no al ritmo que nos imponen a seguir?. No sé cómo lo estarán viviendo los padres de niños más mayores, quizás para ellos este método sea útil, pero sé que mi hija valorará más y podrá salir reforzada de esta situación si le permito parar, si la escucho de igual a igual y si le tiendo mis brazos para apagar su miedo, su rabia y su frustración porque otro día más no podrá salir a pasear.

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